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viernes, 3 de agosto de 2012

El científico escéptico del cambio climático se pasa al otro lado

«No me esperaba esto, pero, como científico, creo que es mi deber rendirme a la evidencia y cambiar de opinión». Richard Muller, un reputado físico estadounidense conocido por su especticismo sobre el calentamiento global, ha reconocido públicamente en un comunicado que estaba en un error. Muller forma parte de un equipo de científicos de la Universidad de California en Berkeley que ha elaborado un extenso estudio sobre el cambio climático.
La temperatura media de la superficie terrestre ha aumentado 1,5 grados centígrados en los últimos 250 años. Y «la explicación más sencilla de este calentamiento son las emisiones humanas de gases de efecto invernadero», ha indicado el equipo en un informe.
El análisis se remonta 100 años más que investigaciones previas, y toma una postura aún más fuerte que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, que en 2007 dijo que «la mayor parte» del calentamiento de los últimos 50 años se puede atribuir a la actividad humana, y que una mayor actividad solar antes de 1956 podría haber contribuido en parte al calentamiento de la Tierra.
El análisis del equipo de Berkeley señala que «la contribución de la actividad solar al calentamiento global es insignificante». Su conclusión, aclara, no se basa en modelos climáticos, los cuales según los críticos, pueden tener errores, sino en un método más sencillo. Se basa «simplemente, en la fuerte concordancia entre la forma observada en que subió la temperatura y el aumento conocido de gases de efecto invernadero».
 
«Un escéptico convertido»

En un artículo de opinión en el New York Times este fin de semana, Muller se definió como «un escéptico convertido» y explicó cómo pasó de ser un científico que cuestionaba la «existencia misma del calentamiento global» a uno que apoya a la mayoría de la comunidad científica y cree que el calentamiento atmosférico es «real». «Ahora voy un paso más allá: los seres humanos son casi totalmente la causa», asegura.
El equipo de Berkeley incluye al premio Nobel Saul Perlmutter, astrofísico de la Universidad de California en Berkeley y a la climatóloga Judith Curry, del Instituto de Tecnología de Georgia. Sin embargo, Curry ha expresado su descontento con los descubrimientos y ha dicho al New York Times que ha declinado ser incluida en la lista de coautores de la investigación.
Muller espera que las tendencias actuales continúen. «A medida que las emisiones de dióxido de carbono aumentan, la temperatura seguirá aumentando. Espero que la tasa de calentamiento marche a un ritmo constante, alrededor de un grado y medio más en la tierra en los próximos 50 años, menos si se incluyen los océanos (...) Pero si China continúa su rápido crecimiento económico y su uso de carbón, el mismo calentamiento podría producirse en menos de 20 años».

Fuente: ABC.es

La Antártida estaba cubierta de bosques tropicales hace unos 52 millones de años

El polen fosilizado de palmeras del Eoceno inferior (hace entre 55 y 48 millones de años), recuperado en los fondos marinos de la Antártida, confirma la presencia de bosques tropicales muy diversos, y revela unas temperaturas invernales cálidas, así como concentraciones de CO2 que duplican a las actuales. Según un equipo internacional de científicos con colaboración española, estas condiciones podrían volver a alcanzarse a finales de este siglo.

Las perforaciones oceánicas durante la expedición 318 del Integrated Ocean Drilling Program (IODP) en el margen continental de la Tierra de Wilkes (Antártida oriental) han permitido recuperar muestras de sedimentos con polen fosilizado de palmeras y árboles similares a los actuales baobab para reconstruir el clima del pasado.

La investigación, que publica esta semana Nature, demuestra que durante el Eoceno inferior, cuando la Tierra experimentó el clima más cálido de los últimos 65 millones de años, la Antártida estaba cubierta de bosques tropicales y subtropicales, hace unos 52 millones de años.

“La presencia de polen de palmeras y de árboles descendientes del baobab indican que las temperaturas invernales en las áreas costeras del continente eran de más de 10 ºC”, indica a SINC Carlota Escutia, una de las autoras del estudio e investigadora en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT-CSIC). Los estudios en las zonas de bajas latitudes señalan también que el clima terrestre era cálido en el continente antártico.
Esta reconstrucción del clima del Eoceno demuestra además que el interior de la Antártida era menos cálido, conclusión a la que los científicos han llegado debido a que el continente albergó bosques de Araucaria –similares a los bosques de Nueva Zelanda en la actualidad–.

Sin embargo, a pesar de la oscuridad polar durante el invierno austral, el continente en ese momento no llegó a helarse. “La Antártida estuvo sin hielos durante el Eoceno, hasta hace unos 34 millones de años, cuando se formó el casquete de hielos”, informa la experta que fue investigadora principal y co-chief científica de la expedición 318.

A esto se añaden las concentraciones de CO2 hace unos 52 millones de años, que eran más de dos veces las concentraciones actuales. “Condiciones que se esperan alcanzar en nuestro planeta hacia finales de este siglo o el siguiente”, advierte Escutia.

Según las predicciones del informe del 2007 del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), en los próximos 100 a 200 años, las concentraciones de CO2 pueden alcanzar valores similares a los existentes cuando la Antártida no sostenía casquetes de hielo como los actuales. El estudio publicado apoya esta hipótesis.

“El estudio de condiciones ambientales en el pasado durante periodos de elevadas temperaturas y CO2 proporciona un mejor conocimiento de los procesos climáticos en el pasado. Esto nos ayuda a obtener un mejor entendimiento de los procesos climáticos futuros”, subraya la investigadora.

Además, los datos que se han obtenido en este estudio permiten acotar y mejorar los modelos de evolución de los casquetes de hielo de la Antártida. “Los modelos indican una gran diferencia entre las temperaturas de los trópicos y los polos. Sin embargo, el trabajo indica que los gradientes de temperaturas entre bajas y altas latitudes no eran elevados”, concluye Escutia. (Fuente: SINC)

Fuente: Amazings - Noticias de la ciencia y la Tecnología